Generalmente en psiquiatría se critica que el tratamiento es farmacológico. Un psiquiatra, casi, casi, casi se caracteriza por dar psicofármacos. Y esto es una crítica en parte real, en parte secundaria.
Prácticamente cuando el problema psiquiátrico tiene cierta entidad, incluso aún siendo menor, el tratamiento farmacológico siempre ayuda. Yo diría que casi es imprescindible pero también afirmaría que nunca puede ser exclusivo. Hasta en el cuadro más orgánico, en el cuadro más grave orgánico posible, como en una demencia, el tratamiento farmacológico es importante pero el tratamiento psicológico, el apoyo psicosocial, el apoyo psicoterapéutico, se hace absolutamente imprescindible porque el hombre es un ser en cuerpo y alma, espíritu, compañía y por tanto estos aspectos nunca se pueden olvidar.
Lo que ocurre es que mientras que todas las persona entendemos el apoyo psicológico que nos viene bien y lo queremos, parece un poco que el fármaco es como, de alguna forma menospreciarme, es como discapacitarme, es como indicarme que yo no tengo capacidad para superar el problema por mí mismo.
Y esto es un gran error en una situación de tremenda dificultad, porque hace que las personas no quieran tomarse ese ansiolítico, no quieran tomarse ese antidepresivo, no quieran tomarse ese antipsicótico porque de alguna forma es desvalorizarlo, estigmatizarlo, y ahí viene uno de los grandes problemas de la psiquiatría. Si no se toma la medicación, sino se continúa la medicación, sino de forma continuada se toma la medicación, las enfermedades prácticamente se enconizan, no pueden curarse y la persona sigue, posiblemente con una autoestima altita porque no ha tomado la medicación, pero bastante fastidiada porque no sale del problema.