En los últimos años se han producido notables cambios en la formas de administrar los psicofármacos. La más habitual es la oral: se toma un comprimido o capsula y éste pasa a la sangre. Otra forma de administración es la que se disuelve en la boca, lo que permite una acción más directa, El hecho de que exista la formulación oral implica que podamos modificar –bajar o subir- la dosis del fármaco y distribuirla a lo largo del día como más nos convenga
Las formas inyectables, por su parte, permiten la administración del fármaco -en el brazo o la nalga-, y así la dosis se mantiene estable a lo largo del tiempo, minimizando así el riesgo de efectos secundarios.
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