La perspectiva de género, es decir, considerar la salud mental de la mujer y la mujer en la salud mental, es fundamental. Aunque haya salido como una rima. Es importante. Porque si somos diferentes para vivir, somos diferentes para enfermar y somos diferentes también para sanar. Es importante agrupar a las mujeres psiquiatras para que impriman esa perspectiva del género y de las diferencias de sexo, las que el sexo imprime, en todas las facetas de la vida.

Tan importante es en psiquiatría como que los diagnósticos son distintos en su frecuencia. Por ejemplo, para un hombre que es diagnosticado de depresión, tres mujeres al menos se diagnostican de lo mismo. Por ejemplo, trastornos tan absolutamente llamativos, incluso con mucha carga social como es la anorexia mental, pues la diferencia de género es tanto como de ocho chicas por uno o dos chicos.

Otro problema de salud mental que llega a ser un problema de salud pública, es la adicción a las drogas y el alcoholismo. Ahí los varones tienen mucha más frecuencia en padecer trastornos de este tipo que las mujeres, si bien las mujeres que padecen por ejemplo, el alcoholismo femenino, pues es más dramático que lo que pueda ocurrir en los hombres.

En parte también, esa visión de género facilita y permite mejorar los rendimientos pero también, el que tengamos en cuenta el género, creo que puede ayudar mucho a la psiquiatría. Otro ejemplo: los ensayos clínicos farmacológicos, no tienen en cuenta la diferencia de género. ¿Por qué? Pues porque el periodo que ellos utilizan es el de mujeres que no estén en periodo fértil. Por ello las mujeres, la mayoría de ellas, pueden excluirse de los ensayos con lo cual, muchas veces, -y los clínicos lo saben- hay determinados fármacos que a las mujeres les sientan quizás peor, o a los hombres les sientan peor. O efectos secundarios de los que puedan quejarse, en las mujeres son distintos.

La hipótesis de la que nosotros partimos, independientemente de que nunca se ha tenido en cuenta, es que si es cierto que el cerebro de la mujer es distinto del del hombre, que además eso hace que nos movamos de diferente forma y que evidentemente, es por un criterio evolutivo que es que hemos de procrear y mantener la especie, nos permite saber mucho más si hacemos las diferencias de género.

¿Hasta qué punto nuestros conceptos de enfermedad son importantes o son válidos?, ¿qué cosas dependen del cerebro?, ¿qué cosas son? Pues sería en cierto modo el sexo, no solo el sexo genético por así decirlo, sino el género como se va construyendo socialmente partiendo de determinadas condiciones o diferencias del cerebro.

Por ejemplo la esquizofrenia. En una enfermedad tan grave como esa, la frecuencia es mayor en el hombre. Por tres esquizofrénicos, hay dos mujeres esquizofrénicas. Y además, la esquizofrenia en la mujer empieza más tarde. Luego son los estrógenos los que protegen de la psicosis o de la gravedad de los síntomas psicóticos. Pero por otra parte, nuestros cambios hormonales que son cíclicos, que todos los meses nos hacen cambiar, que hacen que todo nuestro, digamos, clima hormonal sea distinto, eso también hace que nuestros afectos sean distintos y que nuestras emociones puedan ser más variables.

Conclusión: se diagnostica más de histeria o de trastorno histriónico de la personalidad a una mujer -que además tiene más facilidad para relacionarse y la histeria es, fundamentalmente, relacional- que a lo mejor a un hombre que con los mismos trastornos y la misma conducta se considera que es un psicópata antisocial.

Yo creo que esto, aparte de hacer que se trate mejor tanto a los hombres como a las mujeres y a cualquier paciente de salud mental, nos va a permitir que sepamos más de lo que es el trastorno histriónico, o lo que es el trastorno disocial o de lo que ahora mismo estábamos discutiendo que es del trastorno límite de la personalidad.

El trastorno límite de la personalidad, si se da en una mujer, los síntomas más claros serán la autolesión, la anorexia o la bulimia y quizás, en cambio, en un varón, pues puede ser mayor la impulsividad, el afán por las situaciones de riesgo o la hostilidad y pasar directamente a la agresión.

Y sin embargo, el núcleo podría ser el mismo. Si manejamos bien estas diferencias de género, podremos saber más acerca de lo que de verdad son los trastornos mentales que lamentablemente, por mucho que hayamos avanzado, sigue sin tenerse claro en muchos de los diagnósticos que hacemos.

El lema de si “somos diferentes para enfermar, somos diferentes para sanar”, el tener en cuenta este punto de vista femenino en todo lo que tiene que ver con la psiquiatría, creo que avanza mucho. Y a nivel de salud pública, de salud mental, es también muy importante el saber que cuando curas a una mujer, de alguna forma mejoras toda la calidad de vida de la familia globalmente. Por no mencionar que todos los cuidados, que los llevamos genéticamente, evolutivamente, se ha quedado la característica de cuidar del hogar, de cuidar de la prole, de cuidar de la familia.

Entonces qué pasa, que las mujeres son las cuidadoras informales y esto sobre la duplicidad de roles que tenemos ahora, porque tenemos que ser profesionales y seguimos teniendo que ser madres y cuidadoras, además tenemos el estrés del cuidador. En los grupos de psicoeducación, en los grupos de familiares, la mayoría, el 80% son las mujeres, las madres, las esposas o las hijas que necesitarían además unos cuidados especiales. Creo que podría decir muchísimas más cosas que son detalles. Creo que lo más importante globalmente, es la incorporación de esta visión de mujer y psiquiatría o de salud mental y género para que se pueda mejorar.