Cuando una persona presenta episodios de depresión, irritabilidad e inestabilidad emocional (especialmente pasar de lágrimas a la rabia de forma rápida), él o ella podría tener trastorno límite de la personalidad o por el contrario trastorno bipolar. Aunque hay otras posibilidades, como el consumo de sustancias, diferenciar estas dos condiciones comunes puede ser extremadamente difícil. Los criterios del DSM tienen un solapamiento de aproximadamente el 90%: sólo hay dos criterios del DSM que están claramente presentes en un trastorno sin que estén en el otro: el miedo y los sentimientos de vacío y abandono crónico.

Diferentes autores han argumentado que el trastorno límite de personalidad es sólo otra versión del trastorno bipolar. En refutación de esta noción, se han publicado datos que demuestran una clara diferencia entre las dos condiciones, como es la confianza interpersonal. Para mostrarlos se ha utilizado una herramienta de investigación de la psicología social llamado dilema del prisionero cuyo ejemplo clásico son dos criminales que son capturados simultáneamente. Si ambos cooperan entre sí y cuentan la misma historia falsa, cada uno puede tener sentencia leve. Pero si uno traiciona al otro, queda libre sin cargo mientras que el otro va a la cárcel. Sin embargo, si ambos culpan al otro los dos son castigados. Es lo que se denomina un juego de cooperación.

En la investigación se realizó un experimento social en que si el jugador y su socio cooperaban, ganaba cada uno gana 40 peniques. Si ambos buscaban su propio beneficio cada uno gana sólo 20 peniques. Mientras que si uno decidía quedarse todo y el otro decidía cooperar, el primero se quedaba 70 peniques mientras que el otro se quedaba solo con 10. Cuando se realizaba esta operación con los pacientes se esperaba a conocer los resultados y ver su reacción dentro de los siguientes cinco minutos. Si había una alabanza excesiva o un sentimiento de engaño y tristeza excesivo, era señal de que algo malo ocurría. Cuando este juego se realiza una única vez se suele tender a traicionar al otro para limitar las pérdidas pero cuando se juega en varias ocasiones consecutivas la mejor estrategia es siempre empezar cooperando y a partir de ese momento imitar el gesto de su socio.

Con el juego se pretendía realizar una prueba de la voluntad de cooperar del paciente. Cuando los pacientes con trastorno bipolar estables jugaban se tomaron decisiones muy parecidos a las personas que realizaron el juego sin tener ninguna enfermedad mental, alrededor de un 75% de las veces cooperaban. Sin embargo, los pacientes con TLP cooperaron sólo cooperaban alrededor del 50% de las veces lo que implica una gran diferencia respecto a los pacientes con trastorno bipolar y una buena forma de profundizar en las diferencias en la confianza interpersonal de los dos grupos de pacientes mentales.