Creo que es muy evidente que la asistencia psiquiátrica sufrió un cambio importante a partir sobretodo de la década de los años 70, sobretodo con el cierre parcial o total de los hospitales psiquiátricos, de los llamados manicomios y el paso a un tipo de asistencia a los enfermos mentales por una parte centrada en la hospitalización en hospitales generales, en unidades de agudos y por otra parte, en la organización de servicios comunitarios: centros de salud mental, centros de rehabilitación, etc. Todo ello tenía un poco la finalidad de acabar con el gueto, con la marginación que suponía el ingreso, el internamiento de los pacientes en aquellos grandes centros hospitalarios, de más de mil camas la mayoría de ellos y con pocos programas de reinserción social, laboral, etc.

Es verdad que esto podía haber sido un avance espectacular, pero lamentablemente tenemos que decir que las cosas no han salido tan bien como nos hubiera gustado. Porque si bien es verdad que se han implantado muchos servicios comunitarios, en este momento, a pesar de haber pasado más de treinta años, cuarenta años desde la década de los 70, faltan muchos recursos en la comunidad. Faltan muchos centros de día, muchos centros de rehabilitación, mucho apoyo a los pacientes en la atención domiciliaria, etc.

Esto hace que muchas veces veamos pacientes que a lo mejor, podría la familia preferir que todavía el paciente fuera ingresado en un centro donde recibiera a lo mejor, mejor atención que en la comunidad. Por eso, una apuesta por este modelo asistencial hubiera requerido, al menos en nuestro país y en muchos otros, el que hubiera mayor financiación de recursos asistenciales alternativos.

Otro cambio importante en las últimas décadas, lo ha supuesto la aparición de nuevos fármacos, algunos de los cuales sí han tenido una mejor tolerancia que los anteriores, aunque muchas veces con una eficacia similar, pero que de alguna forma han evitado que hubiera poca adherencia a los tratamientos. De hecho, hay muchos más pacientes que cumplimentan bien el tratamiento cuando los fármacos son mejor tolerados.

Otro cambio también y no me voy a extender mucho más porque creo que esto es para pocos minutos, sobretodo es que con respecto a muchas patología mentales la gente ha perdido un poco el temor de acudir al psiquiatra, a acudir a una consulta y ponerse en tratamiento. Son muchos los trastornos de ansiedad y depresivos que llevan a la gente a las consultas y que no supone ningún problema para ellos el ser tratados y el reconocerlos.

Queda todavía alguna enfermedad como la esquizofrenia, que sigue siendo una enfermedad estigmatizante a nivel social y que todavía genera algunos problemas de marginación para los pacientes, de marginación social y a veces de marginación laboral, lo cual supone un problema muy grave para su rehabilitación.