Daniel Mallory acaba de recibir un cheque de un millón de dólares por los derechos cinematográficos de su primera novela y sopesa seriamente la posibilidad de tatuarse en el brazo la cita laudatoria que le dedicó Stephen King -«uno de esos escasos libros que es imposible dejar de leer», escribió el padre de «Carrie»-, pero su única ambición, insiste, era poder llegar a teclear algún día la palabra «fin» y dar así por terminado un libro que jamás pensó que escribiría. «Ni quería ser escritor ni pensaba que tuviese una novela dentro», explica Daniel Mallory, editor neoyorquino que ha cambiado de bando casi por accidente y ha acabado firmando uno de los bombazos de la temporada bajo el pseudónimo de A. J. Finn.

Todo cambió, recuerda Mallory, en 2015, cuando le diagnosticaron un trastorno bipolar y la depresión que le había acompañado durante quince años, la misma que había intentado tratar de todas las maneras imaginables, empezó a remitir con un ajuste de la medicación. «En cuanto comencé a encontrarme mejor, pensé que debía explorar el tema en en un libro, pero no hablando de la depresión, ya que es algo muy deprimente», apunta. Nacía así La mujer en la ventana (Grijalbo), novela que de la que ya se han vendido más de un millón de ejemplares sólo en inglés -otra treintena de ediciones en otras tantas lenguas están en camino- y con la que Mallory se disfraza de A. J. Finn para rendir homenaje al Hitchcock de «La ventana indiscreta» y ahondar en la senda del suspense psicológico siguiendo los pasos de «Perdida», de Gillian Flynn, y «La chica del tren», de Paula Hawkins.

Y es que sufrir un trastorno como el suyo, sostiene el neoyorquino, «te puede hacer sentir como si vivieras en un thriller», así que nada mejor que trasladarlo al papel para explicar la historia de Anna Fox, una mujer que sufre agorafobia y cree ver a través de la ventana cómo su vecina es asesinada. «Quería explorar la enfermedad mental, pero no hacer un tratado sobre la locura», apunta un autor que fue dando forma a la idea de «La mujer en la ventana» mientras veía «La ventana indiscreta» en la tele y, «como buen neoyorquino», espiaba a su vecina mientras tanto.

Su pasión por Patricia Highsmith, a la que dedicó su tesis doctoral en la universidad de Oxford, y un olfato de editor para detectar cierta saturación de asesinos en serie y un «apetito en el mercado para el suspense psicológico» se encargaron del resto. «Yo quería escribir un libro con más corazón y cabeza que el tipo estándar de novela negra», confiesa. Un libro que, como algunos de sus títulos favoritos, tuviese más de un nivel de lectura y varias capas que rascar.

Es por eso que, más allá del suspense, la locura y los alrededores del crimen, «La mujer en la ventana» es «una historia que nos habla de la soledad y de lo difícil que es conectar con los demás». «Si tuviese algún tipo de moraleja, sería que la mejor manera de entender a los demás es entenderte a ti primero», asegura un Mallory que, liberado de su trabajo como editor, trabaja ya en su segunda novela, una historia ambientada en San Francisco e influida por relatos clásicos de detectives y, cómo no, por «Vértigo», de Alfred Hitchcock.

Antes que esta segunda novela, sin embargo, llegará una adaptación cinematográfica que, a falta de concretar el reparto, cuenta ya con los fichajes de Tracy Letts («Agosto») como guionista y Joe Wright («La hora más oscura») como director. «No creo que me necesiten para nada. Sólo pueden mejorar mi libro», bromea.