El objetivo del tratamiento en los trastornos bipolares debe ser lo más ambicioso posible, es decir, intentar buscar la recuperación total del episodio e intentar prevenir en la mayor medida posible las sucesivas recaídas también teniendo en cuenta la persistencia sintomática, el deterioro cognitivo, la repercusión funcional, para ello hemos de utilizar las intervenciones específicas para cada contexto clínico concreto y también hemos de utilizarlas en función de las características del trastorno con el nivel máximo de seguridad teniendo en cuenta que muchas veces le prestamos una especial atención a los aspectos transversales o más agudos de la enfermedad obviando los aspectos más longitudinales que muchas veces son transcendentes y de alta importancia en este tipo de trastornos.