La mala gestión del estrés o los problemas relacionados con la ansiedad son unos de los principales motivos por los que una persona acaba recibiendo ayuda especializada. Estos problemas aparecen cuando sentimos que las herramientas con las que contamos no son suficientes para enfrentar el día a día, tanto a nivel personal como laboral. Sin embargo, también existe una causa clara: no sabemos bajar el ritmo ni desconectar.

Llevar una vida más calmada, con un ritmo menos elevado, nos predispone a un mayor bienestar, incrementando el optimismo y repercutiendo positivamente en nuestra autoestima. La clave está en saber cómo hacerlo.

La dictadura del reloj
Lo primero que hacemos al levantarnos es contar los minutos que nos quedan para salir de casa y llegar al trabajo. Agendamos citas, reuniones y planes, siempre en función del tiempo. Y cuando acaba el día, habremos mirando el reloj decenas de veces. Esta forma de gestionar nuestro día nos hace poner el foco en la rapidez y tener la sensación de que el día pasa volando. Nos estresa, vamos corriendo, pero parecemos necesitarlo para vivir.

El tiempo es un constructo social con multitud de funciones, y no siempre positivas. Poner el modo avión y dejar que el tiempo pase sin preocupaciones es una de las mejores curas contra la dictadura del reloj.

Vivir despacio
Existe una tendencia generalizada a las prisas, especialmente en ciudades grandes. Tenemos ese ritmo interiorizado y no nos damos cuenta hasta que tenemos vacaciones y salimos fuera. Este ritmo es uno de los causantes del aumento de sintomatología ansiosa, ya que, por un lado, estamos mandando señales al cuerpo de que debe activarse más, y, por otro lado, nuestros pensamientos también adquieren esa velocidad.

Para romper el círculo, podemos empezar a vivir una vida más tranquila, desactivando el piloto automático a través de las siguientes claves:

1. Ocio con sentido

Cuando tenemos tiempo para nosotros mismos no sabemos usarlo porque creemos estar perdiendo el tiempo, y, efectivamente, muchas veces sí lo estamos perdiendo. Nuestro ocio debe tener una finalidad y un propósito. Desconectar también implica poder conectar con los demás o con nosotros mismos, salir de casa y explorar nuevos lugares, aunque eso implique cansancio físico, porque el ocio no está siempre relacionado con el sofá.

2. Calma tu cuerpo

Existen multitud de técnicas y de ejercicios destinados a que el cuerpo se relaje. Algunas lo hacen de forma directa, como el yoga o la meditación, pero también existen otras más agresivas y que logran el mismo efecto. Podemos encontrar la actividad que mejor se ajuste a nosotros y a nuestras necesidades. El cuerpo es el que más sufre con nuestro estrés y debemos empezar por él a la hora de tener una vida más tranquila.

3. Estimula tu cerebro

Con nuestro cerebro pasa como con el ocio: creemos que la desconexión absoluta es lo que más nos ayuda, y ocurre todo lo contrario. Una baja estimulación, como la que ocurre al ver series en el sofá, tiene consecuencias negativas. Para ello, estimula el cerebro a través de libros, actividades, exposiciones o talleres. Cualquier cosa que nos haga pensar, disfrutar y relajarnos, hará que nos sintamos mejor.

4. Limita el trabajo

Muchas personas se ven obligadas a trabajar también desde casa o en fines de semana. Esto no es incompatible con la vida lenta si sabemos delimitarlo. Para ello, podemos marcar horas, momentos y lugares exactos donde vamos a trabajar y desconectar por completo el resto del día. Vivir sin prisas es un proceso que lleva su tiempo hasta que logramos interiorizarlo, pero que a medio y largo plazo se asienta como un hábito con multitud de beneficios para nosotros mismos. Ganamos en bienestar, en tranquilidad y perdemos tensión innecesaria.