Una investigación reciente de la Universidad de Arizona en Estados Unidos, midió el impacto en el tratamiento de la depresión al practicar escalada. Tras una investigación de ocho semanas notaron una mejoría significativa en el nivel de depresión de los pacientes, que pasaron por un grado de depresión severa o moderada a uno leve. “Esta práctica te obliga a concentrarte en el momento presente, no te permite pensar en otras cosas que están pasando en la vida, tienes que concéntrate en no caer” destaca Eva María Stelzer, líder del equipo de investigación. En Alemania y Austria ya han utilizado esta estrategia poco conocida en otras regiones, escalar con fines terapéuticos, para mejorar la salud mental. El hospital clínico de la ciudad alemana de Memmingen es uno de los centros de salud que tienen un impresionante rocódromo para los pacientes.

El “bouldering” es un tipo de escalada a baja altura accesible para todas las edades y niveles de estado físico. En Austria el Instituto de Escalada Terapéutica de Thalgau en Austria ofrece cursos terapéuticos desde 2005. Para Alexis Zajets psicoterapeuta de este instituto esta práctica es muy buena porque “a los pocos segundos de empezar ya tienes tu primera sensación de éxito, solo con dar el primer paso”. También destaca que muchos pacientes están cómodos con este tipo de terapia y prefieren este ejercicio a sentarse en una mesa y hablar. Aunque muchas formas de ejercicio son beneficiosos para la salud mental, lo que hace que escalar entre en un programa terapéutico son: todo mundo puede escalar, hasta los niños lo hacen de manera natural. Además, no hay que estar en forma para practicarla, una buena técnica es más importante

En Reino Unido, el servicio nacional de salud pública, el NHS, ha reconocido los beneficios para la salud física y mental de la escalada en sus diferentes formas y desde hace años se ven con frecuencia paredes de escalada en parques y escuelas infantiles. Entre las capacidades que se desarrollan al practicarla el NHS destaca la resolución de problemas, la tendencia natural a ponerse nuevos desafíos a uno mismo, la sensación de logro y la interacción social, porque es un ejercicio que no debería practicarse en solitario por motivos de seguridad. “Cada ruta de escalada es como un puzzle que requiere de paciencia, planificación y análisis para ser completado”, dice el NHS en su página web. “A medida que mejoras, de manera natural querrás ponerte más a prueba e intentar escalar en superficies más difíciles o en el exterior”, añade. Por eso Eva María Stelzer y su equipo creen que la escalada en rocódromo puede ser utilizada como un complemento al tratamiento tradicional de la depresión. La investigadora de psicología en la Universidad de Arizona está trabajando ahora en la creación de un manual para un programa de ocho semanas en el que se integra la escalada a baja altura y la psicoterapia en grupo. “Ponerte objetivos y cumplirlos te da una gran sensación de éxito, que puede darle un empujón a la autoestima en las actividades cotidianas”, concluye.