Investigadores de la George Washington University han descubierto una posible relación entre los microbios (bacterias, virus y hongos) que se tienen en la garganta y la esquizofrenia. Los resultados muestran que las personas con esquizofrenia albergan diferentes proporciones de bacterias orales que aquellos que no tienen esta enfermedad mental. En los últimos años ha habido un creciente interés en estudiar y demostrar que el microbioma – las comunidades de microbios que viven dentro de nuestro cuerpo – pueden afectar al sistema inmunológico y conectarse de algún modo a nuestra salud mental.

Diferentes investigaciones vinculan trastornos del sistema inmune con la esquizofrenia y ahora este nuevo estudio fomenta la posibilidad de que cambios en el microbioma de la garganta se asocie con la esquizofrenia. “La orofaringe de las personas con esquizofrenia parece albergar diferentes proporciones de bacterias orales que los individuos sanos”, dijo Eduardo Castro-Nallar, autor principal del estudio.

Los investigadores realizaron el estudio para tratar de identificar los microbios potenciales asociados con la esquizofrenia, así como los componentes que pueden estar vinculados o contribuir a los cambios en el estado inmunológico de la persona. Sus resultados mostraron una clara diferencia entre el microbioma de personas sanas y de los pacientes con esquizofrenia.  Aún es demasiado pronto para saber cuál es la conexión entre el microbioma de la garganta y la esquizofrenia. Pero con estudios adicionales, los investigadores pueden ser capaces de determinar si los cambios en el microbioma son un factor que contribuye a la esquizofrenia, son resultado de la enfermedad o no tienen ninguna conexión con el trastorno.

Una vez establecida esta relación, la información podría ayudar a identificar los factores que contribuyen a la esquizofrenia y ofrecer una manera de identificar las causas de la enfermedad, conducir a pruebas de diagnóstico y por tanto al desarrollo de nuevos tipos de tratamientos. Los resultados sugieren posibles aplicaciones de los biomarcadores para el diagnóstico de la esquizofrenia y el resto de las vías metabólicas que están asociadas a la enfermedad.