El neurólogo adjunto de la Unidad de Epilepsia del Hospital Vall d’Hebron (Barcelona), Manuel Toledo, ha instado a considerar aspectos demográficos del paciente epiléptico, como la edad y el sexo; aspectos sociales, como si vive sólo o su entorno laboral; y aspectos de su calidad de vida para buscar el fármaco más idóneo.

Así lo ha hecho Toledo durante el simposio ‘Epilepsia: Manejo integral del paciente’, donde ha precisado que “cuando hablamos de manejo integral, nos referimos a que la epilepsia hay que tratarla más allá de sus crisis“.

Otros aspectos a tener en cuenta en la elección del fármaco son los efectos secundarios a corto y largo plazo o la comomidad de uso del mismo, “así como las posibles interacciones con sistemas hormonales, enzimáticos o con otros fármacos que pueda estar tomando el paciente”, ha indicado el adjunto del Hospital Universitario Donostia de San Sebastián, el neurólogo Juan José Poza.

El doctor Poza ha impartido una conferencia sobre el acetato de eslicarbazepina que, a su juicio, permite el manejo integral del paciente.

Ha presentado los datos de ‘Euro-Esli‘, un estudio de Real World Data que recoge datos provenientes de 14 estudios europeos en práctica clínica. Ha analizado los resultados del acetato de eslicarbazepina en 2.058 pacientes de hasta 88 años de edad con crisis parciales, con o sin generalización secundaria, y que han sido seguidos durante una media de cinco años.

El estudio ha demostrado que el fármaco es eficaz y con un buen perfil de seguridad independientemente de la edad de las personas. La investigación revela, asimismo, que los factores que más influyen en la calidad de vida del paciente con epilepsia son los efectos secundarios de los fármacos y la presencia de depresión comórbida.

Los fármacos como el acetato de eslicarbazepina aportan menos efectos adversos, son más fáciles de tomar y tienen un buen perfil de tolerabilidad.

“Evitan que tengan que tener un seguimiento muy exhaustivo por las potenciales complicaciones que pueden tener el tratamiento de la epilepsia, no afectan negativamente a la salud del paciente y permiten una administración de la medicación más cómoda que hace que la persona sea menos dependiente de acudir de manera asidua a los médicos”, ha explicado Toledo.

Si se comparan con las carboxamidas clásicas, los nuevos fármacos de tercera generación como el acetato de eslicarbazepina mantienen el mismo nivel de eficacia antiepiléptica, pero “no interacciona significativamente con los sistemas enzimáticos, de modo que no provoca incremento en los niveles de colesterol, lo que sí ocurre con los fármacos antiepilépticos con potente acción inductora enzimática“, ha apuntado Poza.

En la esfera cognitiva, además, “ha demostrado tener un papel neutro, convirtiéndolo en un fármaco particularmente interesante en aquellas personas en las que el rendimiento cognitivo empieza a decrecer”, ha concluido Poza.