Más del 75% de las personas con depresión está en edad de trabajar y, sin embargo, las empresas no suelen disponer de programas eficaces de prevención y detección, tal y como avisó el presidente de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental, Miquel Roca, durante la jornada ‘Prevención y abordaje de la depresión en el ámbito laboral’, organizada la pasada semana por la Fundación Ramón Areces y la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental. “La depresión y el bienestar psico-social es un tema de gran importancia cuyo abordaje debe situarse como una prioridad en el debate público y científico. Esta enfermedad no sólo es un problema estrictamente sanitario, sino que se enmarca dentro de un contexto amplio relacionado con el bienestar de los pacientes, sus familias y la sociedad en conjunto”, añadió el vicepresidente del Consejo Científico de la Fundación Ramón Areces, José María Medina.

Y es que, tal y como recordó Roca, los principales obstáculos para un tratamiento eficaz de la depresión son la dificultad para reconocer los síntomas y el infradiagnóstico. “Todo ello provoca que la discapacidad causada por la depresión sea muy alta y en un importante porcentaje de casos se convierta en un trastorno de larga duración, con recaídas y recurrencias”, apostilló. En este sentido, los expertos lamentaron que la salud mental se encuentre alejada de las prioridades de la Administración, algo que, a su juicio, resulta “incomprensible” cuando se trata de una patología “tan importante y con tanta incidencia social”. Por ello, solicitaron desarrollar planes específicos para situar el bienestar emocional de los trabajadores como una prioridad tanto de empresas como de Gobiernos.

Por su parte, los economistas Pere Ibern y David McDaid analizaron las magnitudes económicas, empresariales y laborales de la enfermedad, destacando que el coste indirecto de la depresión en España constituye aproximadamente el 65% de los costes totales de la enfermedad. “La depresión tiene importantes efectos además de por las bajas médicas que provoca, por la merma en la productividad de los trabajadores, lo que se conoce como ‘presentismo'”, puntualizó McDaid, para informar del coste de la patología en la Unión Europa, que alcanza los 92.000 millones de euros al año, y en España, donde el impacto económico supone más de 10.000 millones de euros anuales.

Finalmente, los ponentes insistieron en la necesidad de difundir en la sociedad y las empresas un clima en el que se pueda hablar con libertad de los problemas de salud mental, al igual que se hace de las enfermedades somáticas, para evitar así el estigma y el aislamiento. Para ello, propusieron modelos de reinserción laboral en el que los trabajadores pueden acceder gradualmente a sus puestos de trabajo, lo cual beneficia tanto a las empresas como a los propios empleados, tal y como se ha demostrado en algunos países, entre ellos el Reino Unido.