Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la depresión es el trastorno mental más frecuente. Se calcula que afecta a cerca de 300 millones de personas en el mundo.

Uno de los factores que puede contribuir a que se presente un cuadro depresivo es haber sufrido alguna enfermedad cardiovascular, ya que ésta puede desencadenar inseguridad, frustración y temor en el paciente.

De acuerdo al Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, después de sufrir un ataque cardíaco, los pacientes se preocupan pensando en que pueden recaer. Luego de un infarto o un problema cardiovascular, tienden a sentirse deprimidos o ansiosos y por lo general tienen dificultades para adaptarse al nuevo estilo de vida. Por esta razón, el paciente debe hablar con el equipo de profesionales de la salud que lo atiende acerca de cómo se siente frente a este tema de salud que lo aflige.

Según el médico internista Jannes Buelvas, especialista en cardiología, “se ha demostrado que el tratamiento con los fármacos adecuados tiene una eficacia similar a la terapia cognitiva conductual y la asociación de ambas determina una menor tasa de recaídas. Por ejemplo, el ejercicio aeróbico y la rehabilitación cardíaca pueden reducir los síntomas de la depresión y mejorar el rendimiento cardiovascular. Aunque la depresión puede atentar contra la participación en programas de rehabilitación y ejercicio”.

El especialista también afirma que: “No tratar los eventos depresivos de manera adecuada y oportuna se asocia con el riesgo de presentar nuevos eventos cardiovasculares en los dos años posteriores a un infarto”.

Adicionalmente, el doctor Buelvas resalta que las mujeres tienen mayor tasa de depresión que los hombres y, según estudios recientes, las mujeres jóvenes tienen un riesgo particularmente elevado de presentar depresión posterior a un infarto.