La mayor y más grave complicación de la depresión es el suicidio. Esta enfermedad mental que supone, además, un incremento en la morbilidad y mortalidad, discapacidad prolongada, deterioro funcional y social, y una elevada carga económica, debe hacer frente a este reto de salud pública de forma imperiosa. Para el Dr. Jerónimo Saiz, Jefe de Servicio de Psiquiatría del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, miembro de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental (FEPSM), CIBERSAM, “en casos de suicidio, efectivamente, un alto porcentaje de las personas padecen un trastorno psiquiátrico, siendo la depresión la principal patología. Un hecho muy importante para la prevención del suicidio, sin duda alguna, es la detección, diagnóstico y tratamiento precoz de la depresión. Desde luego, habría que establecer un Plan Nacional de Prevención del Suicidio en España ya que estamos hablando de la primera causa de muerte no natural en nuestro país”.

En palabras de Cecília Borràs, Presidenta de la asociación Després del Suïcidi-Associació de Supervivents (DSAS), “entre todos hemos de aceptar el hecho de que la depresión es una enfermedad y el riesgo que puede conllevar si no se trata como tal. La ideación suicida es un síntoma de la depresión que siempre debe ser valorado y considerado como tal, y actuar. Actuar significa hablar con esa persona que nos dice que no tiene ganas de vivir para aplazar la decisión del suicidio; siempre hemos de ayudar a aplazar la decisión”. El suicidio se relaciona con una gran variedad de trastornos mentales graves y, en el caso de las personas con depresión, el riesgo de suicidio se estima que es 21 veces superior al de la población general. Por eso, las recomendaciones internacionales de organismos como la OMS, ONU y UE, ponen el acento en la necesidad de contar con un impulso político que se traduzca en acciones estratégicas para abordar el problema de la depresión y prevenir el suicidio.

El diagnóstico precoz es imprescindible para el mejor pronóstico de la enfermedad. Sin embargo, este objetivo aún continúa siendo un caballo de batalla en la práctica clínica diaria. Existe, por un lado, la percepción errónea de que esta enfermedad está suficientemente tratada, e incluso que consume un volumen excesivo de recursos. Esta percepción se sostiene a partir de la dificultad de un diagnóstico certero; cierta banalización del problema por confusión con trastornos más leves del estado de ánimo y el estigma social, que tiende a ocultar la realidad. También, entre las razones que explican el infradiagnóstico e infratratamiento de esta enfermedad crónica se encuentran también la escasez de tiempo en la entrevista clínica; elevada presión asistencial existente entre los médicos de atención primaria y especializada; enmascaramiento de los síntomas; e inexistencia de pruebas complementarias específicas ni de marcadores biológicos.

El retraso en el diagnóstico de la depresión, además, supone una cronificación del sufrimiento y la discapacidad, complicaciones médicas y psiquiátricas -incluido el riesgo de suicidio- y menor eficacia de los tratamientos cuando se instauran. Además, los síntomas residuales de la depresión son frecuentes, no solo entre los pacientes que no responden al tratamiento sino también entre los que alcanzan una remisión parcial. La presencia de estos síntomas se considera clínicamente relevante y se asocia a un curso negativo ya que el riesgo de recaídas, recurrencias, suicidio y discapacidad social se ve incrementado. Como explica el Dr. Saiz, “el suicidio es un fenómeno complejo que no se puede evitar al cien por cien pero sí se pueden adoptar medidas para reducir las cifras. Ante cualquier gesto, amenaza o conducta suicida hay que explorar de manera exhaustiva.  Por ejemplo, en Madrid hay un protocolo que se llama ARSUIC por el que toda persona que acuda a urgencias con algún gesto o conducta autolítica, automáticamente pasa a este protocolo que consiste en que como máximo en 4 días debe ser citado, atendido y hacerse un seguimiento en un Centro de Salud Mental”. Para él, “otra actuación importante es concienciar, formar e informar a todos los agentes de salud de la atención primaria para que aprendan a distinguir y detectar cualquier signo que indique que el paciente puede cometer suicido”..