Un nuevo estudio publicado en Evolution, Medicine, and Public Health indica que los niños que nacen de padres con edad más avanzada tienen más riesgo de desarrollar trastornos de autismo. Sin embargo esta misma condición no se asoció a mayor riesgo de esquizofrenia en la descendencia. Se han realizado múltiples estudios sobre este tema durante más de 30 años en los que se han encontrado resultados variables en estos patrones de riesgo. Ahora, investigadores del Centro de Evolución Social de Copenhague han analizado una muestra muy grande únicamente de la población de Dinamarca para comparar los riesgos con base en la edad paterna y materna, así como la diferencia de edad de los padres.

Los autores utilizaron una muestra de alrededor de 1,7 millones de personas danesas nacidos entre enero de 1978 y enero de 2009, de las cuales aproximadamente el 6,5% fueron diagnosticados con trastornos autistas o esquizofrénicos durante este tiempo. Sus datos incluyeron el espectro completo de los diagnósticos de autismo y esquizofrenia en todo el país durante un máximo de 30 años de edad y tuvieron en cuenta más de veinte factores médicos y socioeconómicos potenciales de confusión que pudieron controlar estadísticamente.

Tener una edad superior a la media paterna y materna cuando se tiene un hijo se asoció a un mayor riesgo de que los niños desarrollen trastornos autistas. Este efecto fue magnificado en los hijos de padres muy viejos. Sin embargo, las edades materna y paterna avanzada no se asociaron a un riesgo más alto de cualquier trastorno de esquizofrenia. Por el contrario, los hijos de padres jóvenes tenían menos riesgos de sufrir autismo y únicamente los hijos de madres muy jóvenes tenían un riesgo algo mayor de sufrir esquizofrenia.

“La magnitud de este aumento en el riesgo estadístico es poco relevante en términos absolutos teniendo en cuenta que de toda la población danesa únicamente el 3.7% de las personas sufren autismo y el 2.8% esquizofrenia  hasta 30 años de edad”, asegura Sean Byars, autor del estudio. “Los mayores aumentos y disminuciones que pueden estar relacionados con la edad materna y paterna añaden sólo de un 0,2% a un 1,8% este riesgo absoluto”, añade. El estudio también explica por qué estos patrones de riesgo continúan existiendo actualmente y sugiere que son los restos de nuestro pasado evolutivo.