Una colaboración entre científicos japoneses y españoles acaba de arrojar nueva luz sobre las primeras alteraciones cerebrales que provoca el Alzheimer, una enfermedad que en nuestro país afecta a 800.000 personas, porque la magnetocefalografía (MEG) es una técnica, no invasiva, que podría utilizarse como prueba de cribado al permitir detectar aquellas personas con mayor riesgo de sufrir esta enfermedad.

Los resultados de esta investigación se publican en la revista Brain y describen una nueva serie de biomarcadores que caracterizan las etapas iniciales del alzhéimer cuando aún no es apreciable ningún deterioro cognitivo. “Lo que nosotros hemos descubierto es un buen biomarcador para tener las características de las alteraciones funcionales que se registran muchísimo antes de que aparezcan los primeros síntomas “, ha explicado a la Cadena SER Fernando Maestu, investigador del Laboratorio de Neurociencia Cognitiva y Computacional (UCM-UPM)

Este trabajo ha sido realizado por investigadores del Centro Nacional de Geriatría de Japón con la colaboración de tres universidades españolas: la de la Laguna, la Complutense (UCM) y Politécnica de Madrid (UPM).

El Alzhéimer es la enfermedad neurodegenerativa más frecuente, que ocasiona demencia en edades avanzadas. El problema está en que generalmente los síntomas cognitivos aparecen en etapas tardías de esta dolencia y, además, suelen estar causados por la existencia de un daño neuronal extenso y a menudo irreversible.

De hecho, en el caso del Alzheimer, se sabe que los primeros indicios de la enfermedad se dan en torno a 25 años antes de la aparición de los primeros síntomas. Estas alteraciones iniciales consisten en acumulaciones anómalas de un cierto tipo de proteínas en el cerebro (placas de amiloide) que únicamente son detectables mediante técnicas invasivas para el paciente, como la punción lumbar o el PET, el escáner con tomografía por emisión de positrones.

Por esa razón, el esfuerzo de la neurociencia actual está enfocado en la búsqueda de nuevas técnicas, que permitan detectar esas primeras alteraciones cuando aún es posible tomar medidas preventivas. Y en esta línea se sitúa este estudio, porque ha desarrollado una serie de biomarcadores que caracterizan las primeras alteraciones neuropatológicas que subyacen al desarrollo de la enfermedad de Alzheimer.

Esta investigación se enmarca dentro un macro proyecto del estudio del envejecimiento que realizó el Gobierno de Japón y que consistió en el análisis de la actividad cerebral en reposo de 38 personas cognitivamente sanas y otros 28 pacientes con deterioro cognitivo leve.

Por lo tanto, esta investigación abre, con un conjunto de biomarcadores específicos y mínimamente invasivos, nuevos caminos hacia la identificación de los cambios cerebrales que acontecen en las etapas iniciales del Alzheimer y, en especial, aquellos asociados al comienzo del proceso de acumulación de placas de beta-amiloide, el primer y principal biomarcador de esta enfermedad.

Sin embargo, para su aplicación en los hospitales, “es necesario antes realizar un ensayo clínico más grande y esto sería el primer paso para que fuera aprobado por Europa y Estados Unidos”, advierte también el profesor de la Universidad Complutense de Madrid, Alberto Fernández.