Al parecer, la clave es que el cerebro de una persona bilingüe (o que hable con fluidez más de un idioma) intercambia idiomas continuamente y es precisamente este interruptor el que ayuda a crear conexiones en áreas del cerebro relacionadas con el control del lado izquierdo del cerebro, lo que nos proporciona 5 años más de lucidez.

En el estudio realizado, se analizaron 85 personas que se encontraban con cierta demencia senil, es decir, en fases iniciales de Alzheimer, en la zona de Quebec. Este área de Canadá es completamente bilingüe, ya que coexiste el francés regional con el inglés como idioma nacional principal. A cada persona participante en el estudio se le realizó un escáner para medir su grosor cortical y la densidad de su materia gris en partes clave del desarrollo del Alzheimer, como son las áreas de control del lenguaje y las estructuras temporales del lóbulo, fuertemente atacadas por la pérdida de memoria y demencia.

En el análisis se encontraban, por un lado, 34 sujetos monolingües y 34 multilingües con antecedentes familiares de demencia y, por otro, 13 monolingües y 13 multilingües con Alzheimer diagnosticado. Los resultados fueron claros: aprender idiomas es esencial para cuidar nuestro cerebro a lo largo de nuestra vida.

Natalie Phillips, profesora y coautora del estudio, lo explica: «Hasta ahora la investigación relativa a estructuras cerebrales se realizaba con adultos jóvenes o jóvenes sanos. Pero nuestro estudio contribuye a la hipótesis de que conocer dos idiomas ejercita ciertas regiones del cerebro, aumentando el grosor cortical y la densidad de la materia gris«.

Los escáneres realizados no dejaban lugar a dudas: hay diferencias estructurales entre las personas multilingües y aquellas que no lo son. Así que aprender o hablar otro idioma no solo es una ventaja cultural, sino también un hábito saludable para mejorar nuestra reserva cognitiva a largo plazo haciendo de nuestro cerebro un órgano más flexible.