Una investigación en la que participan las universidades Politécnica de Madrid (UPM) y Complutense revela “los importantes beneficios” que tiene el entrenamiento de la memoria en personas mayores con deterioro cognitivo, en las fases preclínicas del Alzheimer, para retrasar el avance de la demencia que afecta a casi 47 millones de personas en el mundo.

El objetivo del trabajo era explorar “si la reserva cognitiva, las funciones ejecutivas y la capacidad de memoria operativa sirven para pronosticar el rendimiento de mayores con y sin pérdidas subjetivas de memoria (DCS) en comprensión de oraciones y tareas de denominación después de la aplicación de un programa de entrenamiento de la memoria”, explica una de las autoras, Inmaculada Rodríguez Rojo, de la Politécnica.

Para ello, se estudió el comportamiento de 66 mayores, hablantes de español. De ellos, 31 eran cognitivamente intactos, mientras que los 35 restantes fueron clasificados como mayores con DCS, es decir, personas con la sensación de que sus funciones cognitivas se han deteriorado, pero que aún presentan un rendimiento normal en pruebas neuropsicológicas, explica la Politécnica en un comunicado. La comprensión de oraciones y la denominación se evaluaron en dos momentos: inmediatamente después del reclutamiento (en línea de base), y seis meses después, una vez completado el programa de entrenamiento cognitivo de la Unidad de Memoria del Ayuntamiento de Madrid (UMAM).

Los resultados muestran que “el grupo con DCS se beneficia más del entrenamiento que los mayores cognitivamente intactos. También observamos que los mejores beneficios en comprensión y denominación después del entrenamiento se producen en aquellos mayores cognitivamente intactos que presentaban un peor funcionamiento ejecutivo y baja capacidad de memoria operativa antes del entrenamiento”, explica psicólogo Ramón López-Higes, de la Complutense de Madrid (UCM). “Esto sugiere que el entrenamiento de la memoria puede retrasar el deterioro cognitivo, pero que para que éste sea más eficaz es necesario comenzar este tipo de trabajo en las etapas más iniciales de la enfermedad, cuando los síntomas evidentes aún no han comenzado a manifestarse”, señala el investigador.

Las conclusiones servirán para “seleccionar de antemano los casos de mayores cognitivamente intactos que pueden beneficiarse en mayor medida” del entrenamiento cognitivo en el dominio del lenguaje y para flexibilizar los programas de entrenamiento, adaptándolos a las necesidades del paciente. “Los datos establecen la necesidad de adaptar el programa UMAM de manera flexible (por ejemplo, en el número de sesiones) a las características de los usuarios y a las funciones específicas que se intentan mantener o mejorar” a lo largo del proceso de envejecimiento normal, concluyen ambos investigadores.

Aunque todavía no existe un tratamiento específico contra el avance del Alzheimer, ciertas actividades intelectuales podrían “facilitar a las personas el uso de sus recursos cognitivos para soportar el deterioro cerebral progresivo debido a esa patología”, añaden. Si las actividades cognitivas de la vida diaria constituyen “un factor protector”, es posible que los entrenamientos cognitivos puedan producir beneficios semejantes o incluso mayores en personas con riesgo.

En el trabajo de investigación, que ha sido publicado en ‘Frontiers in aging neuroscience‘, colaboran el Centro de Tecnología Biomédica de las universidades Politécnica y Complutense, y el Hospital Clínico San Carlos.