El diario estadounidense Wall Street Journal acerca a sus lectores la experiencia personal de tres profesionales de éxito con trastornos mentales que forman parte de una organización llamada The Stability Network -La Red de Estabilidad- fundada hace dos años y con la que comparten públicamente sus experiencias sobre cómo lidiar en el trabajo con sus graves problemas de salud mental como el trastorno bipolar, la esquizofrenia o la depresión.

A pesar de que muchas personas que tienen este tipo de enfermedades mentales tienen trabajo no todas se atreven a explicarlo por culpa del estigma que tienen detrás. Decidir si explicar a los jefes y compañeros de trabajo que se tiene un trastorno mental puede ser extremadamente difícil. Con esta red de experiencias se busca compartir cómo otros profesionales han logrado el éxito profesional y sobrellevar su enfermedad en el trabajo.

Tres historias de superación

La fundadora de esta red de experiencias es la Sra. Switz a la que se le diagnosticó trastorno bipolar en su último año de carrera en Harvard cuando trató de saltar al río Charles pensando que podía caminar sobre el agua. Tras salir del hospital se graduó y logró trabajó en una importante empresa de Washintong. Con el tiempo le acusaron de que su rendimiento había caído y aunque logró darle la vuelta lo hizo a costa de sufrir una hipomanía en la que a pesar de ser realmente productiva se volvió tremendamente irritable e impaciente. No explicó en ningún momento su enfermedad en el trabajo ni allí ni en otra empresa posterior en la que fue contratada como gerente.

En 2002 con el estrés de mudarse a Nueva York, un nuevo trabajo y su próxima boda, acabó en un hospital psiquiátrico. Mintió en su trabajo alegando una tiroides y trabajó contra una depresión suicida que le impedía incluso transportarse en metro por miedo a saltar. Con el paso de los años y su trabajo en ONGs que participan en el desarrollo global poco a poco comenzó a explicar su enfermedad. Aprendió a identificar lo que particularmente a ella le desencadenaba sus episodios maníacos, incluyendo la falta de sueño y le pidió a los empresarios si podía limitar sus viajes al exterior. Se volvió tan imprescindible y controló tan bien su enfermedad que cuando lo explicó, mereció la pena en su empresa que tuviera que adaptar su ritmo de trabajo. Ahora trabaja a tiempo parcial en la Fundación Bill y Melinda Gates y dirige una empresa de consultoría, además de la Stability Network. Un régimen estricto de rutinas saludables le permiten estar bajo control incluyendo la toma de medicamentos, hacer ejercicio, pasar tiempo con su hijo pequeño y acostarte a las 20.30 de la noche.

Asesor del presidente Bill Clinton; co-fundador de un think tank de Washington y director de políticas públicas de Google. Un currículum al alcance de pocos que Robert Boorstin ha logrado a pesar de sufrir trastorno bipolar. Fue diagnosticado con esta enfermedad en 1987, mientras trabajaba como reportero para el New York Times. Él dejó poco después ese trabajo para participar en la campaña presidencial del candidato demócrata Michael Dukakis. La primera decisión que tomó fue la de dar a su asistente el número de su psiquiatra para que le llamara en caso de que se metiera en problemas, un consejo que siempre da a aquellos que le preguntan. A él le fue muy útil cuando sufrió una crisis psicótica en un hotel de Boston. Fue la última vez que sufrió una recaída porque no tuvo problemas en pedir incluso un sofá en su despacho para poder echarse la siesta más allá de tomar su medicación. Todo ello gracias a una familia y unos reclutadores laborales comprensivos.

Ahora trabaja con una empresa consultora internacional y con frecuencia asesora a otras personas con problemas de salud mental. A pesar de su experiencia, él sugiere no mencionar los trastornos mentales durante las entrevistas de trabajo. “La ley dice que no se puede discriminar a las personas por sufrir una enfermedad pero lo cierto es que las personas que entrevistan a los candidatos para los puestos de trabajo a veces lo hacen”, dice. Una vez contratado, recomienda contárselo al poco tiempo al menos a una persona ya sea un jefe directo o un compañero de trabajo. Alguien que pueda ayudar si es necesario.

David Chow estaba siendo entrevistado para un trabajo de recaudación de fondos en un centro de salud mental en Seattle en 2010 cuando rompió a llorar mientras recorría el campus hospitalario. “Fue la primera vez que había estado en un centro de ese tipo desde que me habían diagnosticado trastorno bipolar”, dice. Pensó que había perdido su oportunidad de lograr un trabajo, pero el centro vio en su experiencia un activo a aprovechar y le ofreció el trabajo. A pesar de que aceptó una oferta de trabajo diferente a la inicial, se alegró de que le contrataran.

Su formación de profesor se truncó cuando fue diagnostico con esa enfermedad y fue hospitalizado tres veces en cuatro años por cambios de humor violentos y sucesos tanto manía como de depresión suicida. Se mudó con su esposa a Seattle y en un momento dado, le dijo al jefe de una escuela privada en la que trabajaba sus problemas de salud mental. Se arrepintió. “Nunca me trataron de la misma forma”. Años después cuando se convirtió en padre decidió añadir sesiones de terapia más allá de su medicación. Consiguió un nuevo trabajo como director de desarrollo de la Universidad de Seattle, y compartió su condición con el decano de la universidad de la escuela de Artes y Ciencias, David Powers, un psicólogo clínico que se convirtió en un gran amigo y mentor. Esta vez sí encontró comprensión ante su enfermedad. Ahora ha sido contratado como director para recaudar fondos en favor de la investigación del cáncer en Medicina de la Universidad de Washinton y ven en su condición un activo para concienciar sobre la importancia de la integración.