Los estudios revelan cada vez más efectos negativos en el consumo de alcohol por parte de las embarazadas. En Estados Unidos ha aumentado notablemente el número de casos en recién nacidos afectados por trastornos del espectro del síndrome alcohólico fetal (tesaf). Entre 6 y 9 recién nacidos de cada 1000 sufre este trastorno provocado por el consumo de alcohol de la madre durante el embarazo, una cantidad seis veces mayor de lo que se estimaba. La Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) ha alertado de esta enfermedad poco conocida pero que también está aumentando en nuestro país.

El tesaf puede llegar a provocar la muerte fetal, así como problemas conductuales, cognitivos e intelectuales y se sitúa como una de las causas más conocidas de retraso mental, dado el daño irreversible que el alcohol produce en el sistema nervioso de los pequeños. Los casos más leves presentan solo características faciales o pacientes con un cociente intelectual normal que no desarrolla todo su potencial. Aproximadamente, el 70 % de los niños con alta exposición prenatal al alcohol presentan alteraciones neuroconductuales, pues, dadas las características de la placenta, el alcohol es capaz de ‘campar a sus anchas’ provocando que los niveles en sangre fetal sean muy similares a los de la madre consumidora.

No se conoce cuál es la cantidad segura de ingesta de alcohol durante el embarazo, por lo que se recomienda la abstinencia total a las madres gestantes. Se sabe que origina daños en todas las etapas del embarazo. En el primer trimestre causa anomalías estructurales: faciales, cerebrales; en el segundo hay más riesgo de aborto espontáneo y en el tercero disminuye el peso, la longitud y el crecimiento cerebral. “El feto es particularmente vulnerable al consumo materno de alcohol, debido a la eliminación ineficiente y a la exposición prolongada. El alcohol se elimina del compartimento fetal con una tasa de solo el 3 al 4%, respecto de la tasa materna. Además, gran parte del alcohol se excreta por el feto en el líquido amniótico y se “recicla” a través de la deglución fetal del líquido amniótico y la absorción intramembranosa”, explican desde la SEPEAP.

Los datos que muestra el informe publicado en la revista Pedriatrics informa de que más del 86 % de los jóvenes con este trastorno no han sido nunca diagnosticados correctamente lo que tiene graves implicaciones significativas para la intervención y servicios terapéuticos. Hasta edades avanzadas no llega a observarse anomalías en el cerebro del niño como pueden ser trastornos por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), trastornos del sueño, del humor o desinhibición.