Tan sólo el 15,8% de las personas con enfermedad mental tienen trabajo en España, y de estos menos del 5% corresponde a personas con Trastornos Mentales Graves (TMG), afirma María Isabel Rodriguez, presidenta de Feafes Empleo, quien añade que estas cifras son más bajas que las correspondientes a la tasa de personas con discapacidad intelectual. A pesar de esto, el número de contracciones durante el pasado año de personas con trastornos mentales ha aumentado: “Son pasos lentos pero por los que debemos seguir trabajando y apostando para generar un cambio”.

Los expertos coinciden en que la inserción laboral influye de manera muy positiva en la calidad de vida de estos pacientes ya que independientemente de los apoyos que precise o desee la persona, es una fuente de ingresos, convierte a la persona en un ciudadano activo, le ayuda a estructurar en tiempo y puede ser el mejor agente de socialización. Añaden que la inclusión laboral implica la participación como miembro de la sociedad en igualdad de condiciones, siendo, por tanto, uno de los factores en los que descansa el modelo de calidad de vida. “Demostrar capacidades dentro del entorno laboral y poder competir en igualdad de condiciones sería lo que en último término impactaría directamente en la reducción del estigma”, inciden.

Para fomentar esta inclusión apuestan por la innovación social colaborativa de carácter recíproco que consiste en “impulsar las relaciones y la cooperaciones con el resto de agentes que necesarios para generar oportunidades y promover cambios hacia una sociedad más inclusiva”, subraya el director general de Elkarkide, una de las entidades sociales de integración sociolaboral de personas con trastornos que colabora con FEAFES. Este modelo implica promover redes colaborativas en todos los sectores de la sociedad, desarrollo de oportunidades para satisfacer las necesidad sociales y promover cambios de comportamiento en la sociedad. María Isabel Rodríguez considera también muy importante la atención temprana y destaca el llamado “modelo de recuperación”, centrado en la persona que trabaja con sus capacidades, que debería evolucionar a hacia un trabajo en la comunidad y en los contextos naturales, dirigidos a reconstruir el proyecto de vida de la persona.

Asimismo, consideran imprescindible para mejorar esta realidad centrar su formación a las demandas del mercado, ofreciéndoles oportunidades, dejando a un lado el tipo de discapacidad y centrando la atención en que la persona tenga las competencias necesarias para el puesto. Por último han querido destacar la importancia de que todos los agentes participen de manera activa. “Por ejemplo, las empresas han de saber qué precisan para el puesto sin tener tan presente el tipo de discapacidad; la administración esforzarse por aumentar el porcentaje de plazas para personas con discapacidad, animando a las empresas a que contraten a personas con TMG como forma de enriquecimiento y humanización de sus equipo”.