La digitalización y las nuevas tecnologías no solo han llegado a las infraestructuras sanitarias, sino también a los fármacos. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) ha aprobado recientemente la primera pastilla ‘digital’ que avisa a los médicos si sus pacientes se están tomando la medicación y cuándo lo hacen.

El fármaco contiene un sensor comestible incrustado que registra las ingestas del usuario y envía mensajes de los fluidos estomacales a los profesionales sanitarios, que disponen, de primera mano, de toda la información a través de sus dispositivos móviles. Esta innovación está especialmente indicada para pacientes con esquizofrenia, para tratamientos de episodios maníacos agudos, con trastorno bipolar o depresión.

No obstante, la aprobación de esta pastilla ‘inteligente’ no está exenta de polémica. Expertos como Ameet Sarpatwari, profesor de Medicina en la Escuela Médica de Harvard, aseguran a los medios de comunicación que esta tecnología puede causar “más desconfianza que confianza” entre los pacientes, ya que la información no solo llega a sus médicos, sino a sus familiares más cercanos, dejando al descubierto su privacidad. Además de eso, los pacientes pueden sentirse más presionados para tomar la medicación si utilizan esta técnica.

Por eso, antes de empezar con este tratamiento, el experto recuerda que el paciente debe firmar un consentimiento donde se le de toda esta información y se indique quiénes pueden o no pueden recibir este tipo de mensajes.

Polémicas aparte, las instituciones sanitarias aseguran que, por lo general, “esta píldora es muy útil, ya que es capaz de rastrear y aportar información sobre la ingesta de medicamentos recetados a pacientes con enfermedades mentales”, tal y como ha afirmado Mitchell Mathis, director de la División de Productos de Psiquiatría en el Centro de Evaluación e Investigación de Medicamentos de la FDA. Además, Mathis se compromete a trabajar con las compañías farmacéuticas para seguir desarrollando una tecnología que “beneficia a pacientes y prescriptores”.

De hecho, y según estiman los expertos, no seguir regularmente la adherencia al tratamiento tiene un coste para Estados Unidos de unos 100.000 millones de dólares, ya que la mayoría de los gastos se deben a que los pacientes no toman sus medicamentos, porque empeoran o porque requieren terapias adicionales.