Las personas que padecen un trastorno mental, como por ejemplo esquizofrenia, que no reconocen su enfermedad suelen atribuir a otros sus problemas o dificultades y tener unos mayores niveles de estigma hacia ellos mismos y hacia los demás.

Así lo han mostrado los resultados preliminares del estudio ‘Estigma en la esquizofrenia a partir de la visión de las personas afectadas por la enfermedad mental, familiares, profesionales y no vinculados a la enfermedad mental: influencia de aspectos cognitivos y emocionales’, realizado por profesionales del Centro San Juan de Dios de Ciempozuelos y de la Clínica Nuestra Señora de La Paz y anunciados con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, conmemorado el pasado día 10.

“A pesar de ser un trastorno presente en toda la sociedad, independientemente del sexo o el estatus social, la actitud general de la sociedad suele implicar baja tolerancia y las personas que sufren esta enfermedad son estigmatizadas, víctimas del rechazo y la discriminación en prácticamente todas las culturas”, ha comentado uno de los autores del estudio y coordinador de rehabilitación en el área del salud mental del Centro San Juan de Dios, Juan Jesús Muñoz.

En el caso de los familiares de personas aquejadas de una enfermedad mental, prosigue, se ha encontrado un paralelismo con los propios afectados, imperando las estrategias de evitación y defensividad pero añadiéndose aspectos como la hostiligenia o focalización en las carencias en aquellos que presentan mayores niveles de estigma hacia la enfermedad mental.

Además, en el estudio ha quedado de manifiesto que su percepción de sobrecarga (por ser cuidadores) es mayor. “El estigma de estos familiares tiene que ver con una mayor adhesión a estereotipos sociales sobre la enfermedad mental como la supuesta peligrosidad, ira o inadaptación”, ha apostillado, para comentar que “los niveles de estigma en el grupo de profesionales no son excesivamente diferentes a los mostrados por el grupo de familiares, si bien las estrategias cognitivo-emocionales imperantes son de carácter más proactivo y, por tanto, suponen un factor de protección frente a actuaciones centradas en el estigma”.

Por último, las personas no vinculadas a la enfermedad mental se comportan como el grupo con mayores niveles de estigma percibido. De hecho, las principales opiniones acerca de la enfermedad mental tienen que ver con sugerir restrictividad social o recomendar evitar a quien las padece.

“Con la cautela que exige el estar ante datos preliminares, lo cierto es que los resultados son congruentes con la idea de crear campañas y grupos de trabajo orientados al abordaje de las variables que correlacionan con la potenciación del estigma. Una sociedad que no rechaza lo diferente es una sociedad con futuro”, ha zanjado el autor.