De acuerdo con los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el mundo conviven cerca de 21 millones de personas con esquizofrenia, trastorno mental grave básicamente caracterizado por una falta de contacto con la realidad –la consabida ‘psicosis’– las creencias falsas –o ‘delirios’– y las alucinaciones. Y asimismo, con un riesgo significativamente mayor que la población general de morir de forma prematura. De hecho, y según muestra un estudio llevado a cabo por investigadores del Centro para la Adición y la Salud Mental de Toronto (Canadá), las personas con esquizofrenia tienen un riesgo hasta tres veces superior de morir a edades más tempranas que el resto de la población.

Como explica Paul Kurdyak, director de esta investigación publicada en la revista Canadian Medical Association Journal, “si bien ha habido numerosas llamadas a la acción para ayudar a los individuos con enfermedad mental grave, caso de la esquizofrenia, y hemos observado una tendencia decreciente y un estrechamiento de las diferencias, se requiere un esfuerzo mucho mayor para reducir las disparidades considerables tanto en la mortalidad como en la carga de la enfermedad”.

Para llevar a cabo el estudio, los autores analizaron los más de 1,6 millones de decesos registrados en la provincia canadiense de Ontario entre los años 1993 y 2012. Y de acuerdo con los resultados, la cifra de personas diagnosticadas de esquizofrenia fallecidas durante este periodo se elevó a 31.493, en su mayoría mujeres y residentes en áreas urbanas menos favorecidas. Y asimismo, más jóvenes que el resto de personas sin este trastorno mental. Concretamente, los resultados revelaron que, de media, las personas con esquizofrenia mueren a una edad hasta ocho años más joven.

Así, y si bien la edad promedio del deceso en la población general se estableció en 1993 en 73,3 años, en el caso de los pacientes con esquizofrenia fue de 64,7 años. Una diferencia que se mantuvo prácticamente invariable en el año 2012, con esperanzas de vida de 76,7 años y de 67,4 años respectivamente. Es decir, la esperanza de vida se vio aumentada durante este periodo tanto para los pacientes con esquizofrenia como para las personas sin la enfermedad, con una reducción de un 35% en la tasa de mortalidad por cualquier causa para ambos grupos. Pero la brecha entre pacientes y no pacientes se sigue manteniendo prácticamente invariable. Algo se está haciendo mal, muy mal.

Como refiere Paul Kurdyak, “está claro que no hay evidencia suficiente para apoyar lo que deberíamos hacer. Nuestros hallazgos, sumados a unas asombrosamente elevadas tasas de mortalidad ya documentadas, también llama la atención sobre el hecho de que las personas con esquizofrenia no se están beneficiando de la sanidad pública y de las intervenciones sanitarias al mismo nivel que los individuos sin el trastorno”.

Los pacientes con este problema de salud mental no se han beneficiado de las reducciones en la mortalidad cardiovascular observadas en la población general. Y a ello se suma que los pacientes con esquizofrenia muestran unas tasas más elevadas de tabaquismo, consumo de alcohol, falta de ejercicio físico y alimentación poco saludable, lo que también puede ayudar a explicar este superior índice de mortalidad precoz. En definitiva, la nueva investigación viene a confirmar los datos de otros estudios previos que, mucho más pequeños, ya alertaban de una mayor mortalidad prematura en los pacientes con esquizofrenia. Una situación que debe ser corregida con urgencia.