La esquizofrenia afecta a 21 millones de personas según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Hasta ahora se pensaba que la mayor parte del daño causado por la enfermedad se producía en los lóbulos prefrontal y temporal, pero el estudio más grande hasta el momento sobre las consecuencias de la enfermedad apunta a que afecta a más regiones de lo que se pensaba.

Según un equipo internacional de investigadores, esta dolencia interrumpe las comunicaciones en todo el cerebro, particularmente en el cuerpo calloso, que controla la comunicación entre los dos hemisferios del cerebro. Los autores del trabajo, que ha sido publicado en Molecular Psychiatry, afirman que entender cómo se relaciona la materia blanca (el tejido graso del cerebro que permite que las neuronas se comuniquen) con una enfermedad psiquiátrica podría ayudarnos a descubrir los mecanismos detrás de la esquizofrenia y otras patologías mentales.

Los investigadores reunieron un gran conjunto de datos, que incluían los de 1.963 personas con el trastorno y 2.359 participantes sanos de 29 estudios internacionales diferentes. Se usaron datos tomados a través de una forma de resonancia magnética llamada imágenes de tensor de difusión, que mide cómo las moléculas de agua se mueven en la materia blanca, y muestra los lugares donde la red de comunicación del cerebro no está tan bien aislada como debería. Los datos arrojaron que además de las partes del cerebro responsables de escuchar, definir nuestra personalidad y tomar decisiones, otro sector muy afectado fue la parte frontal de la corona radiata, una de las estructuras clave del cerebro para procesar información.

Si bien sabemos mucho acerca de los síntomas y las consecuencias de la esquizofrenia, no se entiende mucho acerca de su causa o su detonante. Las personas con este trastorno pueden experimentar alucinaciones y delirios, además de tener problemas para pensar y concentrarse que, aunque pueden mantenerse a raya con medicamentos, pueden provocar algunos efectos secundarios bastante graves. Parte del trabajo que harán los investigadores en el futuro es examinar exactamente cómo se dañan estas redes de comunicación en la materia blanca, encontrar genes que afecten la infraestructura completa del cerebro, en lugar de una sección particular del cableado interno.

“Nuestro estudio ayudará a mejorar la comprensión de los mecanismos detrás de la esquizofrenia, una enfermedad mental que, si no se trata, conlleva a menudo el desempleo, la falta de vivienda, el abuso de sustancias e incluso el suicidio”, concluye uno de los miembros del equipo, Sinead Kelly, miembro de la Universidad del Sur de California (USC).