Los investigadores encontraron que los cerebros de las personas con enfermedad de Alzheimer tenían un 50% menos de pericitos que los cerebros sanos, y los niveles de una proteína llamada fibrinógeno, una proteína circulante que ayuda a la curación de heridas, se triplicaron en las regiones de materia blanca.

Mediante el uso de la resonancia magnética para estudiar modelos de ratones que eran deficientes en pericitos, se encontró que estas células desempeñan un papel clave en la salud de la materia blanca.

Cuando los ratones deficientes en pericitos tenían entre 12 y 16 semanas de vida, lo que equivale a aproximadamente 40 años en seres humanos, sus niveles de fibrinógeno fueron alrededor de 10 veces más altos en el cuerpo calloso, una región del cerebro que desempeña un papel en la transmisión de datos cognitivos y sensoriales de un lado del cerebro al otro.

A los 36-48 semanas de edad -el equivalente a 70 años humanos- los ratones deficientes en pericitos demostraron un aumento del 50% en la fuga de vasos sanguíneos.

“Nuestras observaciones sugieren que una vez que los pericitos se dañan, el flujo sanguíneo en el cerebro se reduce como un drenaje que se obstruye lentamente”, explica Angeliki Maria Nikolakopoulou, líder del trabajo.

Para la siguiente parte del estudio, el equipo evaluó la velocidad de carrera de los roedores usando una prueba de rueda. Cuando alcanzaron las 12-16 semanas de edad, se descubrió que los ratones deficientes en pericitos corrían un 50% más lento que los ratones de control.

“Los ratones deficientes en pericitos funcionan más lentamente porque hay cambios estructurales en su materia blanca y una pérdida de conectividad entre las neuronas”, señala Zlokovic.

Según los expertos, este hallazgo indica que en los humanos, la enfermedad de la materia blanca podría comenzar ya a la edad de 40 años.

“Muchos científicos han centrado su investigación sobre la enfermedad de Alzheimer en la acumulación de proteínas amiloideas y tau tóxicas en el cerebro, pero este estudio y otros de mi laboratorio muestran que el problema comienza mucho antes “, aclara Zlokovic.

Cuando los investigadores usaron un compuesto para reducir los niveles de fibrinógeno en la sangre y el cerebro de los roedores, encontraron que el volumen de materia blanca se restauró al 90%, mientras que la conectividad de la sustancia blanca se restauró al 80%.

“Nuestro estudio proporciona pruebas de que atacar el fibrinógeno y limitar estos depósitos de proteínas en el cerebro puede revertir o ralentizar la enfermedad de la sustancia blanca”, concluye Zlokovic.